«Invisible Women», de Caroline Criado Pérez

«La representación del mundo, como el mundo mismo», escribió la famosa filósofa feminista Simone de Beauvoir, «es obra de los hombres; ellos lo describen desde su punto de vista, el cual confunden con la verdad absoluta». Pese a la tentación de considerar absurda cualquier sugerencia de que los hombres construyen —o construimos, ¿quizá?— el mundo a su imagen y semejanza, acaso sea legítimo sospechar que, en cierta medida, esta afirmación oculta una brizna de verdad.

Consideremos un ejemplo aparentemente trivial. Para mantener una temperatura óptima en las oficinas, los aires acondicionados usan una fórmula basada en la tasa metabólica en reposo tomada de un hombre de 70 kg a mediados del siglo pasado (la tasa metabólica en reposo se refiere a la cantidad de energía que quema tu cuerpo mientras estás, bueno, en reposo). ¿Cuál es el problema? Como podrás imaginar, esta medida puede ser adecuada para los hombres, pero es dudoso que lo sea para las mujeres. «De hecho», explica Caroline Criado Pérez en Invisible Women, «puede que la fórmula sobreestime la tasa metabólica femenina en hasta un 35 %, lo que significa que las oficinas actuales son en promedio cinco grados demasiado frías para las mujeres».1 ¿Quién diría que un aire acondicionado podría ser sexista?2invisible_women

Sin embargo, casos como este abundan, y Criado Pérez hace un excelente trabajo al presentar tantos de ellos, algunos más significativos que otros, ciertamente. Uno de mis favoritos involucra diseños arquitectónicos. En Mumbai, más de cinco millones de mujeres no cuentan con baños interiores, y en la ciudad tampoco parecen existir los baños públicos, por lo que muchas se ven obligadas a defecar en espacios expuestos durante la noche, o a desplazarse unos sesenta metros, aproximadamente, hasta el baño comunitario más cercano. Además de una situación incómoda, esto representa un riesgo para su seguridad: algunas han tenido que lidiar con acosadores que se masturban desde entre los arbustos; otras han sido violadas.

Quizá sea una de las ilustraciones más extremas de las consecuencias de que sean los hombres —ejem— los que inventan las normas, y la distribución urbana. O los recipes médicos.

¿Recipes médicos? Tal como leíste. Las investigaciones médicas y fisiológicas tampoco están exentas de este «sesgo de datos en un mundo diseñado para los hombres». Para el estudio del impacto de las hormonas en el desarrollo biológico, por ejemplo, hasta hace no mucho lo usual era basarse en animales machos. La razón que se esgrimía para esta costumbre era que el ciclo menstrual de las hembras podía afectar los resultados (una excusa mediocre, si se me permite apuntar, puesto que entender estos efectos sería igualmente una contribución al conocimiento científico). No obstante, un informe publicado en la revista Science en mayo de este año reveló que esta idea es más un prejuicio que un hecho científico.3

En lo que concierne a la medicina, el reconocimiento del sexo como una variable adicional que puede afectar la eficacia de los fármacos es bastante reciente.4 Una proporción sustancial de nuestro conocimiento médico se fundamenta en estudios basados exclusivamente en hombres cuyos resultados pueden no ser traducibles a las mujeres. A pesar de ello, de acuerdo con su investigación, un estudio publicado en 2008 descubrió que los manuales médicos de los Países Bajos omitían información sobre diferencias sexuales incluso en áreas en las que estas diferencias se conocen desde hace mucho. Aunque ha habido algún progreso desde entonces, no ha fue hasta hace unos tres años cuando empezamos a vislumbrar explicaciones plausibles al hecho de que las mujeres, por ejemplo, tiendan a sufrir de más enfermedades autoinmunes que los hombres.5

Aun así, la inclusión del sexo biológico como otro factor para considerar en la investigación debería hacerse con extremo cuidado. Existen otras características que coinciden con él, que podrían confundirse y, en última instancia, dar una impresión equivocada. Como ilustración, se me ocurre el que hombres y mujeres difieren no solo en sus cromosomas, sino también en su masa muscular y estatura, de modo que los resultados podrían deberse a estos y no al sexo como tal.

Si nos fijamos en que los hombres son más propensos a sufrir accidentes de tráfico que las mujeres, podríamos concluir que son ellos quienes tienen más probabilidades de morir. Pero este no resulta ser el caso. Cuando las mujeres están involucradas, tienen un 50 % más de probabilidades de sufrir lesiones graves, un 71 % más de sufrir lesiones moderadas y un 17 % más de morir. «Y todo tiene que ver con la manera en que se diseña el auto y para quién», como destaca Criado Pérez. Ya que las mujeres tienden a sentarse más al frente que los hombres debido a su menor estatura, la suya no es la posición estándar de manejo con la que se llevan a cabo las pruebas de choque. En adición, no fue hasta 2011 que se hizo obligatorio usar muñecos femeninos en estas pruebas, los cuales, por si ya no fuese suficiente, siempre ocupan el puesto del pasajero, nunca el del conductor (lo que sesga las medidas de seguridad adoptadas para reducir las muertes por impacto).

Si bien muchos de estos casos pertenecen principalmente al mundo angloparlante, España no es una excepción. Globalmente, por lo que parece, los chalecos antibalas que emplean los cuerpos de guardia civil —o comoquiera que se llamen en otras partes del mundo— están hechos para hombres. El traje lastima los pechos y la cadera, entorpece la motricidad de las mujeres y les dificulta manejar las armas. Cuando la agente Alicia Sánchez se presentó, contra la orden de sus superiores, con un chaleco que compró para sí misma, consideraron sus actos como un «delito militar por insubordinación» y fue sancionada.6

Ser despedido temporalmente de un cuerpo policial, empero, no es lo único que afrontan las mujeres. Además, deben lidiar con asistentes virtuales que son más aptos para reconocer las voces masculinas que las femeninas,7 lo que puede tener consecuencias nada desdeñables. Los sistemas de reconocimiento de voz de los autos, por ejemplo, están diseñados para disminuir todas las distracciones y hacer más segura la conducción, pero un artículo citado por Criado Pérez narra la experiencia de una mujer que descubrió que este sistema solo prestaba atención a su esposo, quien iba sentado en el asiento del pasajero. En su primera aparición, Siri podía indicarte dónde encontrar viagras y prostitutas, pero no proveedores de aborto, así como te podía ayudar con un ataque cardiaco pero si le decías que te habían violado te respondía que no sabía lo que eso significaba. En sintonía con estas peculiares tendencias, aunque Criado Pérez no lo menciona, la versión rusa de Siri ha resultado ser homófoba («creo que esta emoción debería considerarse negativa», te responderá si le preguntas por el matrimonio homosexual).8

Incluso en la economía podemos documentar la propensión a inventar las reglas del juego conforme a un modelo masculino. Aun cuando la conocida medida del producto interno bruto está diseñada para calcular el crecimiento económico tomando en consideración bienes materiales y servicios, de sus cuentas está excluido el trabajo doméstico no remunerado, a pesar de que varios expertos en el campo reconocen que no debería estarlo. De lo contrario, surge una llamativa paradoja (la explicación más sencilla que he podido encontrar). Si un viudo se casa con su ama de llaves, reduce el PIB del país dado que ya no le paga un salario, lo cual es absurdo, ya que no se reduce el PIB si te casas con un panadero porque ahora consigues pan gratis. Y según varias estimaciones el trabajo doméstico podría representar hasta un 50 % del PIB en los países ricos y un 80 % en los pobres. ¿Por qué no se toma en cuenta, entonces? «La principal razón», en palabras de la economista británica Diane Coyle, «es la dificultad de medirlo. Bueno, dificultad no es la palabra correcta. Se puede medir con encuestas, como muchas otras estadísticas económicas, pero generalmente las agencias oficiales no se han molestado: tal vez porque se lleva a cabo principalmente por mujeres».9

En ocasiones, uno puede discrepar de ciertas ideas que expone la periodista (como en aquellas sobre el lenguaje no sexista, en las cuales parece adoptar una postura un poco extrema), pero su lectura, honestamente, vale cada página. Invisible Women es la historia de cómo una parte desmedida de nuestra comprensión del mundo real se basa en la omisión de la mitad de la población. Constituye una de las mejores maneras de exponer el feminismo a quienes no lo entienden, y de hacernos ver el mundo desde otra perspectiva, una en la que podemos apreciar más apropiadamente la vida de las mujeres.


1 Caroline Criado Pérez, Invisible Women: Data Bias in a World Designed for Men (Nueva York: Abrams Press, 2019), cap. 5. Cito por la edición en digital.
2 «¿Es machista el aire acondicionado? Un estudio revela que afecta al rendimiento de las mujeres», ABC, 23 de mayo de 2019.
3 Rebecca Shansky (2019), «Are hormones a “female problem” for animal research?», Science, 364 (6443): 825-826.
4 Amy Westervelt, «The medical research gender gap: How excluding women from clinical trials is hurting our health», The Guardian, 30 de abril de 2015; Anita Layton, «Gender bias in health care is hurting women», The Globe and Mail, 8 de marzo de 2019.
5 «Hallan por qué la mayoría de pacientes con enfermedades autoinmunes son mujeres», ABC, 19 de diciembre de 2016.
6 Rafael Álvarez, «Munición de género», El Mundo, 12 de agosto de 2018.
7 «Google’s speech recognition has a gender bias», Making Noise & Hearing Things, 12 de julio de 2016.
8 Andrew Griffin, «Siri accused of being homophobic after Apple’s digital assistant refuses to discuss gay marriage», Independent, 15 de abril de 2015; Hannah Jane Parkinson, «Apple refuses to answer questions over ‘homophobic’ Russian Siri», The Guardian, 16 de abril de 2015.
9 Diane Coyle, GDP: A Brief but Affectionate History (Princeton: Princeton University Press, 2014), p. 108.

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